Seguro has escuchado frases como "le llegó su día" o "ya le tocaba" cuando alguien fallece. Detrás de esas expresiones hay una idea muy extendida: que cada persona tiene una fecha de muerte fijada de antemano, como si fuera una cita ineludible en un calendario celestial.
Pero ¿qué pasa si esta creencia, aunque común, no es del todo exacta? La Biblia, ese libro antiguo que muchos citan para apoyar esta idea, en realidad presenta una visión mucho más interesante y compleja, donde nuestras decisiones diarias tienen un peso real en cuánto vivimos.
A simple vista parece que habla de un destino prefijado, pero hay que leerlo con cuidado. El salmista está hablando del conocimiento perfecto que Dios tiene de nuestra vida, no de un guion que debamos seguir sin poder cambiarlo. Dios sabe, pero ese saber no anula nuestras decisiones.
Esta frase, "antes de tu tiempo", es clave porque reconoce que sí existe la posibilidad de morir prematuramente. Si nuestra muerte estuviera escrita en piedra desde el nacimiento, nadie podría morir "antes" ni "después". Pero el sabio que escribió esto advierte que la insensatez, las malas decisiones y el vivir al límite pueden adelantar el final.
Aquí la enseñanza es igual de clara: la sabiduría, el sentido común y el aprender de la experiencia funcionan como un escudo que nos mantiene alejados de peligros mortales. Saber cuándo retirarse de una pelea, evitar vicios destructivos o simplemente poner atención al cruzar la calle son decisiones que alargan la vida.
Entonces, ¿cómo armar este rompecabezas? La visión más coherente es entender que Dios conoce el final de nuestra historia porque existe fuera del tiempo. Sabe qué decisiones tomaremos, pero ese conocimiento no significa que Él haya programado cada accidente o enfermedad.
Hay accidentes y circunstancias imprevistas que escapan a nuestro control, y también hay consecuencias directas de nuestras propias malas decisiones. Al final del día, lo más sensato es vivir con la conciencia de que nuestras acciones importan.
La muerte es una certeza, pero el cómo y el cuándo no están necesariamente tallados en piedra. Según la Biblia, hay muertes que llegan antes de tiempo, y vidas que se alargan gracias a la sabiduría.